Runrunes El Universal 04.03.2014
ALTO
POLITICA DE ESTADO:
No puede sorprendernos la confesión
hecha por el actual ministro de Educación Héctor Rodríguez (quien fue
también ministro de la Presidencia por cuatro meses con Hugo Chávez;
luego ministro de Deportes casi tres años y ministro de la Juventud con
Maduro por nueve meses, que como se ve ha estado pegado a la teta
burocrática y del partido de la revolución en distintas posiciones)
cuando declaró el pasado martes que dentro de la “campaña para erradicar
la pobreza” se pretende establecer políticas sociales para sacar a los
ciudadanos de esa condición, haciendo la salvedad en la que fue muy
enfático: “no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para
llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos”.
Como dirían los abogados “a confesión de
parte relevo de pruebas”. Este joven cuya actuación en el ministerio
del deporte fue duramente cuestionada por la ministra Alejandra Benítez
en el caso de las entregas cambiarias para el grupo de deportistas a
motor (razón por la que fue despedida del cargo “por ese atrevimiento”)
es una verdadera ficha del socialismo cubano tan ligado al Frente
Francisco de Miranda que comanda el canciller Elías Jaua. Por ello esa
confesión no fue un desliz.
Es la confirmación de aquellas palabras
del actual ministro Jorge Giordani cuando ejercía el ministerio de
planificación y se expresó en casi los mismo términos en una acalorada
discusión que tuvo con el entonces presidente de PDVSA el general
Guacaipuro Lameda.
Como han pasado tantas y tan insólitas
historias en estos quince años -que se nos olvidan muy rápido-
reproduzco lo contado por el militar cuando detalló a los medios el
incidente antes de una reunión con Chávez en Miraflores el año 2001:
“Esto se produjo como consecuencia de que yo le venía insistiendo al
presidente Chávez que le engañaban en el tema económico, ya que las
proyecciones a cinco años mostraban un creciente déficit fiscal,
necesidad de endeudamiento o devaluación y, por tanto, era necesario
atender el tema de la producción para que Venezuela pudiera hacerse
independiente de la renta petrolera, tal y como se había prometido en la
campaña electoral y como me lo habían presentado en el proyecto para el
cual estábamos trabajando. Chávez aceptó que nos reuniéramos para
hablar del tema y para la reunión invitó a cuatro personas: José Vicente
Rangel, Jorge Giordani, Héctor Navarro y Aristóbulo Istúriz a quienes
conseguí en la sala del consejo de ministros donde se suponía que
haríamos la antesala para luego reunirnos con Chávez. Estando allí,
Giordani me pregunta que de qué se trataba lo que yo le quería informar
al Presidente y le respondí en los siguientes términos: “La proyección
plurianual a cinco años nos indica que no vamos a tener crecimiento,
será negativo, el déficit fiscal será creciente. Vamos a tener serias
necesidades de endeudamiento, ya que se está perdiendo el control sobre
el gasto del Gobierno bajo excusas populistas. El Gobierno no está
ahorrando en el FIEM, gasta todo y engañamos al hablar de una economía
creciente. Para que eso ocurra, deberían estarse construyendo galpones,
edificios y toda la infraestructura que requiere la producción, y eso no
existe. Si es verdad que queremos acabar con la pobreza, es
imprescindible que se genere riqueza y que se diseñen mecanismos
adecuados para que su distribución sea justa y equitativa, y eso tampoco
lo veo”.
Allí Giordani me interrumpió y me dijo:
“Mire, General, ¡usted todavía no ha comprendido la revolución! Se lo
explico: Esta revolución se propone hacer un cambio cultural en el país,
cambiarle a la gente la forma de pensar y de vivir, y esos cambios sólo
se pueden hacer desde el poder. Así que lo primero es mantenerse en el
poder para hacer el cambio. El piso político nos lo da la gente pobre:
ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa
de los pobres. Así que, los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los
necesitamos así, hasta que logremos hacer la transformación cultural.
Luego podremos hablar de economía de generación y de distribución de
riqueza. Entretanto, hay que mantenerlos pobres y con esperanza”. Allí
yo lo interrumpí y le pregunté: “Ya que Usted dice ‘luego’, dígame
cuánto tiempo cree usted que tomará hacer ese cambio”. La respuesta fue
inmediata: “Mire, se trata de un cambio cultural y eso toma al menos
tres generaciones: los adultos se resisten y se aferran al pasado; los
jóvenes la viven y se acostumbran, y los niños la aprenden y la hacen
suya. Toma por lo menos 30 años”.
Lameda siguió detallando el incidente:
Mi respuesta no se hizo esperar: “Usted me está diciendo que esta
revolución deliberadamente condena a los pobres a que vivan en la
pobreza sólo para que ustedes se mantengan en el poder mientras intentan
que la gente piense como ustedes creen que deben pensar. Si es así,
Ustedes son unos “hdp” y yo con “hdp” no trabajo”. Giordani se molestó y
me dijo: “¡No sea usted tan grosero!”. Se levantó de su silla y entró
al despacho del presidente Chávez. Al cabo de unos diez minutos salieron
ambos y Chávez me dijo: “Lameda, me dijo Giordani que tú le faltaste el
respeto”. Yo le respondí: “¡No, Presidente! Lo que yo le dije fue que
si era deliberada la estrategia de esta revolución de condenar a los
pobres a no salir de esa condición. Ustedes son unos “hdp”y yo con “hdp”
no trabajo. Es una expresión condicionada a esta suposición que yo no
acepto como válida”.
La respuesta de Chávez fue otra de sus
astucias: “Mira, Lameda, la cosa no es tan así como te dice Giordani,
lo que pasa es que él es un idealista igual que tú. Ustedes están en
los extremos. Yo creo que los ánimos están muy caldeados y así no vale
la pena reunirse. Vamos a suspender y yo les aviso cuándo escucharemos a
Lameda”. La reunión nunca se produjo y, a partir de allí, fue muy poco
lo que hablé con Chávez o sus ministros. Eso marcó mi ruptura con la
revolución. Es un asunto de principios. El ejercicio del poder no puede
estar por encima de la vida de la gente porque en democracia el
gobernante está para servir de acuerdo con la voluntad de la gente y no
para imponerle a la gente su propia voluntad”. Fin de la cita.
De nuevo, trece años después el “plan de
la patria socialista” sigue vigente. Tan solo el viernes el
vicepresidente Arreaza, integrante del mismo FFM, insistió que el modelo
socialista sigue avanzando y no hay cambio posible. Eso tan solo
terminar una de las reuniones por la “paz económica”. Razón tenía el
joven petareño Yeiker Guerra, estudiante de la UMA cuando le declaró al
colega Fernando del Rincón, de CNNEE, en respuesta crítica al ministro
Rodríguez por esa malhadada sentencia: “Yo le demando al ministro que
nos deje soñar porque yo también tengo sueños y el día de mañana yo
también puedo ser ministro igual que él”. ¿Será por ello que le caen con
tanto odio a los jóvenes estudiantes?…

No hay comentarios:
Publicar un comentario